La convicción de Julio Buitrago inspira un presente feliz


El 15 de julio de 1969 ocurrió uno de los eventos de mayor relevancia en la historia del Frente Sandinista de Liberación Nacional. La Guardia Nacional somocista rodeó una vivienda de dos pisos, ubicada cerca de un bar llamado Las Delicias del Volga, cerca del Cementerio General de Managua, en donde estaba una célula guerrillera encabezada por el joven guerrillero Julio Buitrago Urroz, Jefe de la Resistencia Urbana del FSLN. En la vivienda también estaban la Comandante Doris Tijerino Haslam, Gloria Campos y su niña Martha. La Guardia envió varias tanquetas y aviones para reducir a los valientes guerrilleros. Los vecinos de la vivienda testimoniaron en la época que el comandante Buitrago salía de la vivienda para disparar a los guardias y luego regresaba al interior. La comandante Tijerino lo recuerda así:

Por Radio La Primerísima 

El combate fue muy prolongado, durante casi 2 horas, no sólo por el volumen de fuego que había que de adentro respondía él (Julio Buitrago), porque a mí me capturaron casi a los 15 minutos de haber irrumpido la Guardia dentro de la casa. Estas percepciones que tiene la gente, yo creo que tienen que ver con el hecho de que al pueblo le gusta hacer épicas las vidas y las memorias de los héroes, pero Julio nunca abandonó la casa.

La confusión está porque Gloria Campos estaba en la parte de atrás, en un predio vacío, y Julio me pidió que le indicara que se fuera con la niña, Martita –que ahora trabaja en la Bancada Sandinista, si no me equivoco. Pero cuando Gloria quiso salir para la Avenida del Ejército, que se llamaba entonces, por la parte trasera de la casa, fue apresada y la Guardia vio que yo le hice señas. Entonces se metieron a la casa de al lado. Había ahí un muchacho que trabajaba de panadero, que estaba durmiendo porque trabajaba por las madrugadas, y lo sacaron a empellones y sin más ni más, le dispararon y lo mataron. Prácticamente cayó casi a mis pies.

Ellos originalmente dijeron que era mi hermano, necesitaban justificar ese asesinato. En las fotos verán que incluso el pantalón lo tiene puesto al revés, la portañuela está por atrás, porque él estaba durmiendo y fue sacado a empellones, creyendo que era un guerrillero que se había ido a ocultar ahí.

Pero ese día no sólo la población vio cosas. La Guardia, la Seguridad somocista, en una cuartería de madera que había exactamente frente a lo que ahora es un predio vacío, había un árbol que no recuerdo si era de mango. Ellos veían a Carlos Fonseca arriba y disparaban a las casitas de tabla y al árbol. Ellos gritaban que ahí estaba y lo veían con una camisa blanca. Son los estereotipos que se formaba la gente. Carlos, efectivamente, casi siempre andaba con una única camisa blanca que tenía.

Se habla de una reunión. Hubo una reunión, pero ahí no estuvo Carlos, estuvo otra gente, Silvio Casco que llegaba con frecuencia, “Julio” –Ramón Rizo, que ya falleció y que era el contacto entre las casas de seguridad– y como estábamos en situaciones de una excesiva compartimentación, yo no estoy segura si llegó alguien más que puedan haber confundido. A lo mejor Edgard “La Gata” Munguía, ¡no sé! Pero Carlos, para esa época estaba en Costa Rica.

Con la sangre de nuestros mártires construiremos un futuro feliz

Hermanos nicaragüenses:

Una vez más las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, se llenan de dolor y de gloria.

El martes 15 del corriente se convierte en fecha gloriosa para el pueblo nicaragüense, ya que cinco de sus mejores hijos, entregaron su vida en aras de una patria y pueblo libres de explotación y miseria.

Julio C. Buitrago Urroz, Marco Antonio Rivera Berríos, Alesio Blandón Juárez, Aníbal Castrillo Palma y Ramón Enrique Rizo Espinoza, son los nombres de los inmortales combatientes sandinistas que cayeron haciendo efectiva nuestra consigna de PATRIA LIBRE O MORIR.

El Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, continúa el camino recorrido por Sandino, Camilo Torres y Ernesto Che Guevara, como único medio para acabar con los crímenes, el hambre, el analfabetismo y la miseria; consecuencia nefasta del somocismo y las oligarquías gobernantes, quienes apoyadas por el imperialismo norteamericano pretenden mantener a nuestro pueblo en condiciones subhumanas. Ante la sangre sagrada de sus mártires jura una vez más no deponer su fusil combatiente y sí impulsar la lucha revolucionaria por la felicidad del pueblo.

Nuestros héroes sandinistas han demostrado al pueblo nicaragüense que el aparato en el que se escudan las clases gobernantes (Guardia Nacional) cuando se enfrentan con los soldados revolucionarios del pueblo, revelan su incapacidad y cobardía cuando tienen que hacer uso, para poder abatirlos, de todos sus equipos de guerra.

El Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, como homenaje póstumo a sus combatientes caídos, eleva al rango de Comandante al compañero Julio C. Buitrago U., miembro de su dirección nacional y de Héroes Sandinistas a los compañeros Marco A. Rivera B., Alesio Blandón J., Aníbal Castrillo P. y Ramón E. Rizo Espinoza.

Con el derecho que nos asiste como avanzada revolucionaria del pueblo nicaragüense, hacemos un llamado a los obreros, campesinos y estudiantes revolucionarios a integrarse al combate popular y vengar a todos los que han ofrecido generosamente la vida por una Nicaragua libre, digna y revolucionaria.

Obreros al combate
Campesinos al combate
Estudiantes al combate
PATRIA LIBRE O MORIR
Por la dirección del FSLN:

Carlos Fonseca
17 de julio de 1969

La caída de Julio Buitrago

Extracto editado del libro de María Dolores Ferrero Blanco, «La Nicaragua de los Somoza 1936-1979», páginas 320 a 326

En 1969, el hecho más relevante acontecido en Managua fue el ataque de la Guardia Nacional a una casa de seguridad cercana al salón cervecero “Las Delicias”, por lo que el lugar era conocido popularmente como “Las Delicias del Volga”, al Occidente de Managua.

Las casas de seguridad eran lugares no conocidos por la Guardia, casas de amigos, o alquiladas por los miembros del FSLN que eran legales, especialmente en períodos de gran tensión, o tras algún acto contra la dictadura. Si se decretaba la Ley Marcial o supresión de los derechos individuales y se podía detener a cualquier sospechoso de subversión, los militantes más destacados se trasladaban durante algún tiempo a estos domicilios provisionales y clandestinos y desde allí podían desarrollar sus actividades y tratar de continuar sus tareas, en medio de la represión que les rodeaba.

En la casa de “Las Delicias del Volga” había sido descubierta una célula sandinista –por la confesión de un “oreja”– y allí murió el 15 de julio de 1969, en un enfrentamiento con la Guardia, Julio Buitrago, que era miembro de la Dirección Nacional del FSLN y el primer jefe de la resistencia urbana. Compartía la Dirección Nacional del FSLN, en esos momentos, con Carlos Fonseca, Tomás Borge, Daniel Ortega, Óscar Turcios, Ricardo Morales, José Benito Escobar y Efraín Sánchez. (De los 7 miembros que constituían la Dirección en 1969, solo Tomás Borge sobrevivió hasta el triunfo de la Revolución).

Con él estaban también Gloria Campos –que era legal y la que había alquilado la casa– con su hija Martha, Mirna Mendoza, Doris Tijerino y Ramón Rizo. Cuando llegó la Guardia, Doris fue hacia el patio para llevarle a Gloria a su hija y decirle que tratara de escaparse, pero no hubo tiempo y ambas fueron capturadas.

Doris Tijerino fue torturada en la Central de Policía, en una de las varias ocasiones en las que hubo sospechas de que el propio Somoza había participado en las torturas. Ella relató que, después de que su custodio hubiera dado órdenes a sus subalternos de que cesaran los malos tratos, llegaba todas las noches un grupo que la desnudaba y la golpeaba. Como estaba encapuchada, no podía ver quién era, pero oía hablar del “señor” y “amigos del señor”. Cuando ella preguntó al custodio qué había ocurrido, aquel le contestó: “Usted sabe que aquí viene gente a la que yo no puedo impedir que hagan lo que quieran”. Ella dedujo de esas palabras que podía tratarse de los hijos de Somoza o del mismo Somoza y sus amigos.

Doris Tijerino denunció en el diario La Prensa. en una entrevista publicada el 20 de noviembre de 1967 y posteriormente ante el tribunal entre el 17 de julio y el 30 de agosto de 1969, que le habían provocado una hemorragia. El Jefe de la OSN, Samuel Genie, negó los hechos pero la Corte estipuló que Doris fuera examinada por dos médicos forenses que confirmaron la violación y los abusos. Al mes siguiente, en León, tuvo lugar una manifestación de 5 mil personas en protesta por la falta de garantías que tenían las mujeres en la OSN.

La casa de seguridad de “Las Delicias del Volga” fue rodeada por los guardias convencidos de que iban a protagonizar una acción espectacular y que el apresamiento de un grupo de guerrilleros sería una magnífica propaganda para el régimen y una muestra de fuerza y eficacia. Somoza envió a casi 300 guardias con tanquetas y aviones que bombardearon la casa y sostuvieron un enfrentamiento de cerca de tres horas, que se filmó, y todo el mundo pudo ver por televisión.

Pero cuando sus ocupantes debían salir derrotados, la sorpresa fue que solo estaba en ella un joven, Julio Buitrago, al que la Guardia acribilló a balazos. Los datos de su partida de defunción eran: “Julio César Buitrago, de 23 años, estudiante, 114 libras de peso y 5 pies y 7 pulgadas y media de altura. Enterrado en la Fosa nº 14016”.

Su muerte conmocionó a la ciudad porque la actuación de la Guardia supuso un hecho vergonzoso por la desproporción de los medios empleados. El descrédito que esa operación le ocasionó a Somoza, tuvo como consecuencia que nunca más permitiera filmar ningún enfrentamiento con los sandinistas.

El diario de Julio Buitrago

Cuando asesinaron a Julio Buitrago, entre sus ropas apareció un diario donde relataba que había abandonado su casa para ir a Cuba en 1967, después había ido a Costa Rica y había regresado de nuevo a Nicaragua a mediados de abril de 1969. Explicaba en el diario que el motivo de escribirlo era poder revisar continuamente sus actuaciones y llevar notas sobre la situación general del FSLN, que le ayudarían posteriormente a analizar los métodos de trabajo. Hablaba también de su temor a ser capturado y de que había sido golpeado salvajemente años antes en la cárcel.

Mostraba sus discrepancias con Carlos Fonseca respecto a la decisión de haberle enviado a la ciudad –por su calidad de jefe de la resistencia urbana– porque se encontraba aislado y sin conexión con los compañeros. Sus palabras manifiestan un profundo desacuerdo con una situación que él calificaba de coexistencia con el enemigo y son un ejemplo de los diferentes puntos de vista que tuvieron en muchos momentos los dirigentes del Frente y de la disciplina que, pese a todo, observaban entre ellos, como se aprecia cuando dice que, “de no haber recibido esas órdenes de David (Carlos Fonseca), habríamos desatado una guerra indiscriminada contra nuestros enemigos”.

Se estaba refiriendo al punto de vista de una parte del FSLN que no estuvo de acuerdo con el repliegue posterior a los hechos de Pancasán y Zinica –la etapa de “acumulación de fuer zas en el silencio”– porque la Guardia no cesaba en la persecución de guerrilleros y, muchos hubieran preferido seguir en la montaña, y a la ofensiva.

Además de esos retazos del diario que revelan la percepción que Julio Buitrago tuvo de la estrategia adoptada en aquel tiempo por el FSLN, existe una correspondencia entre él y su familia, donde expresa los difíciles contactos que la clandestinidad imponía. Los sentimientos de responsabilidad, sacrificio y destino que impregnan sus palabras, dejan traslucir su opción de vida como una obligación moral incuestionable, incluso mesiánica en su confianza en que el pueblo seguirá sus banderas, lo que es una vivencia relativamente frecuente en algunos miembros del FSLN.

El tiempo demostraría que, en efecto, el pueblo les seguiría, aunque todavía faltaban años para que esa certidumbre personal fuera una realidad.

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