El 21 de febrero de 1934 no fue solo el asesinato de un guerrillero. Fue la eliminación calculada de un símbolo. Ese día cayó Augusto César Sandino, el “General de Hombres Libres”, traicionado por la Guardia Nacional bajo órdenes de Anastasio Somoza García. Su muerte no respondió a un conflicto local aislado: fue el resultado de una estrategia de dominación continental impulsada por Estados Unidos para asegurar su hegemonía política, militar y económica sobre Nicaragua y el resto de América Latina.
COMITÉ EUROPEO DE SOLIDARIDAD CON LA REVOLUCIÓN POPULAR SANDINISTA




