El 4 de mayo ocupa un lugar central en la conciencia política de Nicaragua. Es una fecha cargada de significado histórico, jurídico y simbólico que conecta la resistencia antiimperialista del pasado con las luchas actuales en defensa de la soberanía. Este día conmemora la decisión del General Sandino en 1927 de rechazar el llamado Pacto del Espino Negro, negándose a deponer las armas frente a la ocupación extranjera. Aquel gesto marcó un antes y un después: estableció que la dignidad nacional no es negociable.
Por Comité Europeo de Solidaridad con la Revolución Popular Sandinista
Este reconocimiento no ha sido improvisado ni reciente. El 4 de mayo ha sido declarado “Día de la Dignidad Nacional” en distintas etapas de la historia nicaragüense, reflejando su importancia política sostenida en el tiempo. Durante el periodo de la Revolución Sandinista (1980-1990), fue instituido oficialmente por primera vez; en diciembre de 1989 se creó la “Orden 4 de Mayo Día de la Dignidad Nacional” como la máxima distinción otorgada por el Parlamento. Décadas después, la Asamblea Nacional reafirmó este legado mediante la Ley Nº. 995, aprobada el 31 de mayo de 2019, que ratificó formalmente el 4 de mayo de cada año como Día de la Dignidad Nacional. Más recientemente, el 4 de mayo de 2025, se dio un nuevo paso con la aprobación de la Ley Nº. 1249, que no solo mantiene esta conmemoración, sino que también declara la fecha como el “Día de las Banderas Nacionales”, reforzando su dimensión simbólica y patriótica.
Estas decisiones no son meramente
protocolares. Expresan la voluntad de institucionalizar la memoria
histórica y de proyectarla hacia el presente. La dignidad nacional, implica la defensa activa de la soberanía frente a cualquier forma de injerencia externa.
En ese marco, uno de los elementos más contundentes del discurso político nicaragüense contemporáneo es el reclamo permanente de una deuda histórica por la intervención armada y las acciones de desestabilización de Estados Unidos.
Esta demanda se sustenta en la sentencia de la Corte Internacional de
Justicia de 1986, cuya resolución sigue sin cumplirse. El reclamo
asciende a más de 17,000 millones de dólares, una cifra que no solo
busca resarcir daños materiales e infraestructura, sino que refleja el
costo humano de una guerra sistemática que dejó más de 50,000 víctimas y
un impacto devastador en la economía nacional que, hasta hoy, sigue sin
ser indemnizado.
Este reclamo no es un asunto del pasado. Es una demanda vigente, profundamente ligada al concepto de dignidad nacional.
Porque no puede hablarse de justicia internacional si las resoluciones
judiciales se ignoran cuando afectan a las grandes potencias. Y no puede
hablarse de soberanía plena mientras exista una deuda reconocida que no
ha sido reparada.
Desde Europa, los Comités,
Colectivos y Asociaciones de Solidaridad con la Revolución Popular
Sandinista hemos decidido asumir esta causa como parte de nuestro
compromiso internacionalista. En 2025, lanzamos la campaña “Nicaragua se Respeta”,
precisamente el mismo 4 de mayo, con el objetivo de visibilizar esta
deuda pendiente y exigir a los Estados Unidos su cumplimiento. ( www.ces-rps.com/nicaragua-se-respeta/ ).
Esta campaña no es un gesto simbólico,
sino una plataforma de articulación política que busca movilizar a
colectivos y organizaciones en todo el continente y deseamos que se
extienda a nivel internacional.
Por tanto, hacemos un llamado a todo el movimiento de solidaridad con Nicaragua a sumarse a esta demanda (nicaraguaserespeta@ces-rps.com). No se trata únicamente de apoyar a un país, sino de defender
principios fundamentales del derecho internacional: la igualdad
soberana de los Estados, la obligatoriedad de las sentencias judiciales y
el rechazo a la impunidad. La dignidad de Nicaragua es también una cuestión de coherencia global.
Al mismo tiempo, es imposible analizar esta realidad sin situarla en un contexto más amplio. Nicaragua
forma parte de un grupo de países que han sido objeto de ataque
constante por parte de Estados Unidos. Junto a Cuba y Venezuela, ha enfrentado sanciones, amenazas y campañas de deslegitimación que buscan condicionar su desarrollo político y económico.
Es necesario denunciar de manera firme estos intentos continuos de agresión e injerencismo.
Las políticas de hostigamiento no solo afectan a los gobiernos, sino
también a los pueblos en su conjunto. Constituyen una forma moderna de
intervención que contradice los principios del derecho a la
autodeterminación, la soberanía y la no injerencia. Frente a ello, es
fundamental afirmar que Cuba, Nicaragua y Venezuela son naciones
soberanas, independientes y comprometidas con la paz, que tienen pleno
derecho a definir sus propios caminos sin presiones externas.
La solidaridad internacionalista
adquiere aquí una dimensión estratégica. No se trata de una adhesión
acrítica, sino de un posicionamiento ético frente a las desigualdades
del sistema internacional. Defender a Nicaragua es también cuestionar un orden global donde el imperialismo se impone sobre el derecho.
Sin embargo, el 4 de mayo no debe ser solo una jornada de denuncia, pues la dignidad implica también participación y justicia social. Esta visión se traduce en Nicaragua en el impulso de múltiples programas sociales orientados a mejorar las condiciones de vida de la población, garantizando derechos básicos y reduciendo desigualdades.
Al final, la soberanía no es solo una cuestión de fronteras o
resistencia, sino el compromiso de asegurar derechos concretos y
condiciones dignas para quienes habitan el territorio.
Hoy, más que nunca, ese desafío sigue
vigente. Y desde distintos rincones del mundo, quienes creemos en la
justicia, el derecho a la autodeterminación de los Pueblos, la soberanía
y la solidaridad tenemos un papel que desempeñar. Porque la dignidad,
cuando es auténtica, no se proclama solamente: se defiende, se construye
y se comparte.
Y en esa tarea, la consigna es clara: Nicaragua se respeta!.
