Hay una imagen que detiene el tiempo.
Viene de las montañas de Nicaragua, de los años en que la historia
decidió cambiar de rumbo, y trae consigo el olor a tierra mojada, a
juventud y a coraje. En primer plano, tendida entre la hierba alta, una
muchacha fija la mira de su fusil. Tiene el cabello oscuro, rizado,
enmarcando un rostro todavía infantil; sus ojos, limpios y terriblemente
serios, miran de frente, más allá del lente, hacia un futuro que
entonces estaba todo por conquistar. Detrás de ella, otras compañeras,
las muchachas, empuñan las armas con la misma postura orgullosa.
Por Geraldina Colotti, Resumen Latinoamericano.